«Entendemos que a estas alturas todo marxista-leninista sabe lo que supuso para el PSUC que Joan Comorera polemizara contra los carrillistas del PSUC en 1949. Los resultados pueden ser condensados en:
1) La injusta expulsión de Comorera del PSUC y el posterior vergonzoso y criminal vilipendio público acusándolo de agente del franquismo-titoismo-imperialismo, mientras Comorera consumía precisamente sus últimos días en las cárceles franquistas;
2) Decapitar al PSUC de su mejor líder, pudiendo así, promocionar a los carrillistas y rehabilitar a los expulsados por Comorera y el partido años antes, consolidando con ello poco a poco la conversión del PSUC en una sucursal catalana del PCE lo que fue oficializado en 1954; asegurándose con ello que el PSUC fuera un mero seguidor-validador de la teoría política revisionista de la «reconciliación nacional» defendida por el binomio Carrillo-Ibárruri, una teoría que es un crimen histórico contra la lucha de clases y especialmente un insulto para todos los combatientes tanto españoles como no españoles que lucharon en la Guerra Civil contra el fascismo español y extranjero.
Una vez expulsado del PSUC, Joan Comorera pese a todas las dificultades intentó reorganizar al PSUC en el interior de Cataluña en los 50 con la ayuda de Miquel Valdés, José Marlès, Amadeu Bernardó, Emili Garnier y Barrera, Pablo Cereza, Joaquim Pou, Tomás Molinero, Evarist Massip, y otras de las caras conocidas del PSUC que apoyaron sus posiciones, en sus números de «Treball» (Comorerista) dejaría patente su fidelidad al marxismo-leninismo pese incluso a que gran parte del mundo marxista-leninista de entonces le diera la espalda en detrimento de la camarilla de Carrillo-Ibárruri en el PCE y sus peones en el PSUC. Pero en tan poco tiempo, y en tan duras condiciones, no fue posible la consolidación de los restos comoreristas del PSUC reagrupados por Comorera en el interior desde 1949 hasta su muerte en 1958, quedando la clase obrera y las masas populares catalanas huérfanas de su partido.
Ahora, pese a que el movimiento comunista marxista-leninista sufriera tales reveses con la usurpación del partido por la pandilla de revisionistas, lo cierto es que la época gloriosa durante la cual Comorera comanda el PSUC es una que está llena de lecciones y de dedicación, tanto del PCE como del PSUC, a la causa de la clase obrera y su recompensa se vio en la influencia entre las masas populares. Época dorada que ningún periodo posterior de estos mismos partidos, bajo las mismas siglas pero bajo mando revisionista, pudo emular, y que reafirma la justa línea política de los marxista-leninistas de esta época:
«La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo. Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)
Enver Hoxha, destacado marxista-leninista, internacionalista, siempre amistoso y simpatizante con el pueblo español y su heroica lucha, explicaría a los lectores que no se explicaban la degeneración del Partido Comunista de España, las grandes pérdidas del partido durante la guerra y el derrotismo que se imprimiría desde entonces, las duras condiciones para operar dentro de la España franquista, la dificultad de organizarse también desde el exilio muchas veces también en condiciones forzadas de absoluta clandestinidad; en resumen, de como a raíz de la pérdida de la guerra civil española los elementos como Carrillo-Ibárruri se aprovecharon para imponer su dominio revisionista en tal panorama difícil y confuso:





